Lo único que recuerdo después de leerlo es que la protagonista se cortaba las venas y la llevaban al hospital. El resto no es más que un festival de adjetivos innecesarios y una historia hueca donde la palabra “nadería”, que se la autora debe creer como de propio cuño, se repite hasta la saciedad. Ah, y del lesbianismo apenas encontraréis un par de páginas al comienzo y un par de páginas al final. Humo, como siempre.

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