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Reseña disco Los Planetas “Zona Temporalmente Autónoma”

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Reseña disco Los Planetas "Zona Temporalmente Autónoma"

Reseña disco Los Planetas “Zona Temporalmente Autónoma”

 “Una revuelta es como una experiencia límite, lo contrario del estándar de la conciencia y experiencia ordinaria. Como la fiesta, la revuelta no puede ocurrir cada día- de otra forma no sería extra-ordinaria. Pero tales momentos de intensidad dan forma y sentido a la totalidad de una vida.”

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Hakim Bey

Sentarse a realizar una reseña de un disco exige por mi parte tres requisitos indispensables. En primer lugar, despojarse del embrujo fanático que los granadinos tienen sobre mí. A lo largo de sus veinticinco años de existencia Los Planetas han marcado numerosos momentos vitales. Hay canciones para todo tipo de vivencias, desde la euforia hasta la decepción, del desamor al amor, de la nostalgia melancólica a la desazón existencial. Todo un compendio de experiencias encerradas en discos, libros y recuerdos de conciertos con gente querida, menos querida, que desapareció o que te acompaña para toda la vida. No es tarea fácil, pero uno debe hacerse cargo de su responsabilidad. En segundo lugar, todos sus discos merecen muchas escuchas, sentidas, pausadas, en diferentes dispositivos, lugares y situaciones. Debe hacerse una digestión completa y calcular cual es el poso que queda tras la escucha activa de todas y cada una de las canciones. En tercer lugar, uno debe de alejarse del ajado esnobismo de estructurar una crónica en torno a la eterna comparación con referencias anteriores, algo que esta intrínsecamente vinculado con las dos anteriores y que debe permitirte razonar sobre una obra en su momento, su contexto y tu propia situación de bagaje acumulado. No es razonable sucumbir al “yo los vi primero” o al “como <> no hay nada”, es un craso error vehicular una nueva colección de canciones en competencia con anteriores. Cada disco tiene su vida y, si bien, yo puedo preferir unos discos más que otros, o unas canciones más que otras (por ejemplo, uno de mis temas preferidos suyos es “Vas a verme por la tele” del “Unidad de desplazamiento”) es razonable vincular nuestra escucha única y exclusivamente a las catorce canciones que componen este “Zona Temporalmente Autónoma”, donde, creo que sobre este último concepto se nuclea toda la obra, porque las canciones que nos entregan los de Granada son piezas que gozan de una autonomía plena que, en principio, no aspiran a ensamblar un total, sino que son cápsulas de libertad creativa con propia entidad y autoridad que terminan por enlazarse no en un concepto global, sino en sí mismas, bajo una entropía emocional de cierto calado político, sentimental y social. Son pequeñas revueltas centrífugas que respiran tradición (tanto “planetaria” como del folklor propio español como es el flamenco) y vanguardia, adheridas a lo definido por el inspirador de este álbum Hakam Bey en su Zona Temporalmente Autonóma: ” Un campamento de guerrilleros ontológicos: golpean y corren”.

Bajo esta perspectiva este nuevo disco se abre con la inconmensurable “Islamabad”,  una adaptación del “Ready Pa Morir” del Trap de Yung Beef que ha sido protagonista de un split (imprescindible) conjunto y que J. transforma con maestría lírica y sonora en un himno de tempestuosa calma y vaporosidad cósmica de primer orden, donde la melodía y el lento parafrasear de la letra te sumerge en un estado de semiinconsciencia del cual sales a base de las certezas con la que golpean las sentencias orquestada por una banda en excelentes condiciones compositivas. A esta le sigue, “Una cruz a cuestas”, donde la omnipresente Soleá Morente le da la réplica a un sentido J. que inicia la canción bajo una instrumentación de raíz flamenca (gracias a una percusión certera y emotiva a cargo de uno de los mejores baterías del país, Erik Jiménez) y que va creciendo a base de capas de vehemente ligereza. “Soleá”, prosigue en la senda de combinación astral y terrenal, de inquietante orquestación conducida a través de un órgano y una coral sinfónica de impactante resultado. “Seguiriya de los 107 Faunos” prosigue con la letanía barroca de las anteriores bajo la adaptación personalista de las sinfonías del grupo argentino 107 Faunos y con un final que se aproxima a la epifanía galvánica de la versión que Los Planetas realizaron de “Sin Hueso” de Los Enemigos. ”

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“Hierro y Niquel” atrapa con su primera estrofa, “Te he estado persiguiendo hasta las puertas del infierno”. En ella retoman una línea más “clásica”, se despojan de elementos folklóricos para abrir una veta de raigambre pop que se extiende por la maravillosa “Porque me lo digas tú” y que termina por implosionar en la sardónica “Libertad para El Solitario”, con un tamizado de pop oscuro ochentero al estilo The Jesus & Mary Chain. Con “La Gitana” retoman su vena más flamenca pero, en esta ocasión con capas quebradas melódicas que se alternan en el recitado de un poema de Alesteir Crowley. “Itjihad” y “Espíritu Olímpico” son dos piezas de aroma sesentero de aroma psicodélico y vanguardistas. Piezas más efectistas que efectivas.

“Zona Autónoma Permanente” es un perfecto resumen de la coyuntura sobre la que han situado las anteriores canciones del disco para ir concluyendo con dos piezas brillantes, “Amanecer” y “Hay una estrella”; dos emotivas tonadas emotivas estructuradas en torno a un preciosismo lírico y acústico (en el caso de “Hay una estrella” de gran dimensión y que actúan como preludio de la desbarrante y fulgurante “Guitarra roja”, cuyos diez minutos de duración suponen una “tormenta perfecta” para concluir tan anhelado álbum (publicado siete años después del, para mí, decepcionante “Una ópera egipcia”.

En suma, asumamos este disco de Los Planetas como un ensamblaje un tanto anárquico de artefactos creativos de sublime calidad en algunos momentos, en otros impera una densidad que estrangula el oído por momentos, pero que, en su conjunto nos muestra una reactivación de una banda legendaria gracias a los grandes momentos que nos han ofrecido, ofrecen y ofrecerán porque tal como dijo Alesteir Crowley: “Soy ciertamente de la opinión que la genialidad puede ser adquirida, o, en la alternativa, que esta es una posesión casi universal”.

Redacción: Juan A. Ruiz-Valdepeñas

 

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