Home » CRÓNICAS / CRITICAS » Crónica concierto Micah P. Hinson en Madrid

Crónica concierto Micah P. Hinson en Madrid

0
Shares
Pinterest Google+

 

Crónica concierto Micah P. Hinson en Madrid

Sala Siroco

04.11.2017

“Inteligencia es el poder de aceptar el entorno.”

William Faulkner

 

El artista nacido en Memphis y asentado en Texas, Micah P. Hinson presentó en una atestada y desnaturalizada (para su música) Sala Siroco su último álbum The Holy Strangers. Una árida y lánguida colección de canciones donde el desamparo conceptual se estiliza en forma de tonadas durante una hora de duración. Sobre este disco se nucleó gran parte del repertorio que interpretó Hinson  (The great void, Oh Spaceman, The Lady from Abilene), aunque también hubo tiempo para repasar parte de su (magnífico) cancionero anterior, destacando por encima de todo, la descarnada Beneath the bones que sonó en un impresionante bis al final del recital. Un concierto que se convirtió en un largo y lánguido paseo por la frontera, o por esos territorios que también retrató Oliver Stone en el estupendo film U Turn (que aquí se llamó Giro al infierno), que te dejan la nuca roja y sudorosa por un sol que no ceja en su empeño de golpear incesantemente a lo largo de todo el recorrido jalonado por un viento perezoso que levanta el polvo, impregnando y secando los labios sedientos de emociones fuertes anunciados en una destartalada señal de carretera agujereada por balas fortuitas y deseadas que indican un cruce de caminos donde se escapan las almas torturadas y asoladas por un destino que, en ocasiones, se escapa por las grietas de la vida.

Micah P. Hinson, en un espacio poco propicio para ello, ofreció un espectáculo de primer orden, sobre todo en el tramo medio del mismo, cuando deleitó a los espectadores allí reunidos con su latente y galvánica desolación sinfónica y melódica, aprovechándose de la gozosa intimidad en la que se recrea en sus interpretaciones (que llega a su culmen en algunos pasajes de spoken word) que no adolecen en esta ocasión de eventuales episodios de desconexión (que enfriaron el inicio del concierto) que se produjeron al inicio pero que, en vez de lastrarlo, supusieron un punto y aparte en el artista, que solventó el resto del setlist con una exquisita profesionalidad no carente de emotividad y desgarramiento, haciendo música lo que expresó Francisco de Quevedo siglos atrás: “Afecto privilegiado el del dolor.”

Redacción: Juan A. Ruiz-Valdepeñas

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *