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Crónica Ariel Rot en Murcia

Crónica Ariel Rot en Murcia

Crónica Ariel Rot en Murcia

Mirar a los ojos a un clásico siempre intimida. Incluso cuando se trata de uno cercano, algo tímido y totalmente alejado de los gestos y trucos de andar por casa de quien es leyenda. En estos casos, la explosión suele surgir de manera inesperada, en un momento de aparente calma, en el que todo se resuelve con un guitarrazo, un estribillo o una simple nota. Es entonces cuando el tiempo se para, la emoción arrasa con todo y uno es plenamente consciente de estar ante un gigante, cayendo rendido ante un legado de clásicos y teniendo la certeza absoluta de estar presenciando un deslumbrante catálogo de canciones impecables. El peso del tiempo combinándose con un presente de vino y rosas. Ayer sucedió, exactamente, después de los dos primeros temas que Ariel Rot y su banda interpretaron en el siempre estupendo Teatro Circo de Murcia. Ojo, no es que ‘Una semana encerrado’ y, sobre todo, ‘Se me hizo tarde muy pronto’ no sonaran de lujo, todo lo contrario, pero se trataba de esa necesaria entrada en calor que requiere toda noche que aspira a ser memorable. Y que lo consigue.

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Insisto en que presenciar el concierto de uno de los representantes esenciales del mejor rock en castellano, por poner una etiqueta algo simple a un experto en mezclar todo tipo de géneros con una solvencia ejemplar, es una experiencia repleta de momentos memorables, pero ese primer incendio protagonizado por ‘Solamente adiós’ es de los que se quedan clavados. Sorprende, además, que lo hiciera a través de una de esas canciones en apariencia calmadas pero que, mediante un desarrollo melódico tan complejo como clásico, consiguen arrasar con todo. Ayudan, de manera espectacular, unos solos de guitarra marca de la casa que aumentaron las pulsaciones de un público que se mostró tan respetuoso como entregado a la causa Rot. Y es que es imposible poner algún ‘pero’ a la propuesta en directo de un  tipo que lleva instalado en el envidiable territorio de la inspiración más de una década. Sí, su aportación histórica con Tequila y Los Rodríguez es indiscutible y sigue brillando como el primer día, pero convendría insistir con más fuerza en la obra en solitario que ha ido construyendo a lo largo de los años, tan redonda que es imposible encontrar un trabajo menor.

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Y, a pesar de ello, Rot subraya en esta gira la importancia total de su nuevo y estupendo disco, ‘La manada’, un conjunto de canciones que, si ya funcionaban a la perfección en la escucha entusiasta del hogar, amplía su potencial en un directo lleno de nervio y fuerza. Temas como ‘Broder‘, puro New Orleans, la excelsa ‘En el borde de la orilla’ o ‘Espero que me disculpen’, rock and roll trepidante inyectado en vena, crecen sobre el escenario hasta alcanzar un nivel equiparable al de clásicos de la talla de ‘Hoja de ruta’, ‘Dos de corazones’ o ‘Lo siento, Frank’, todas ellas presentes en un repertorio de quitar el hipo. Por supuesto, el pasado también jugó un papel importante y en ese peligroso terreno de la nostalgia, Ariel se mostró tan elegante como siempre, entregando apasionadas y apasionante interpretaciones de ‘El mundo de ayer’, ‘Adiós carnaval’, ‘Bruma en la Castellana’ o ‘Vicios caros’,  por poner cuatro ejemplos que estarían entre las más altas cimas alcanzadas por su autor y que sonaron tan inmensas como merecen. Los chupitos de Tequila, es decir, ‘Rock and roll en la plaza del pueblo’, en sobresaliente clave blues, ‘Necesito un trago’ y ‘El ahorcado’, sumada a una explosiva revisión de ‘Mr. Jones o pequeña semblanza de una familia tipo americana’, de los imprescindibles Sui Generis, sirvieron de perfecta introducción a un tramo final en el que piernas, lágrimas y gargantas rimaban con éxtasis. La épica de ‘Me estás atrapando otra vez’ se terminó coronando como el mejor momento de la noche por pura emoción colectiva, mientras que la ‘Milonga del marinero y el capitán’ y ‘Baile de ilusiones’ se descubrieron una vez más como bises perfectos, regalos extra de un Ariel Rot que se mostraba pletórico y entregado en cada nota, en cada estribillo, en cada solo de guitarra, los cuales, por cierto, siguen siendo una demostración total de virtuosismo melódico de primera categoría. Porque, al final, de eso se trata. Un concierto de Ariel Rot es una clase nivel experto de lo que un clásico siempre debería ser. Respetuoso con su legado, apasionado con su presente, prometedor con su futuro. Ariel se mantiene en plena forma. Ayer, hoy y mañana. Apuesta segura.

Redacción: Alberto Frutos

Fotos: Carlos Frutos

1 Comment

  1. Gloria
    3 diciembre, 2016 at 16:05 — Responder

    Que crónica tan magistral. Como el maestro que protagonizó el concierto. Un besazo

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