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Crítica “Z. La Ciudad Perdida”

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Crítica "Z. La Ciudad Perdida"

Crítica “Z. La Ciudad Perdida”

Es un milagro que, en pleno 2017, se haya estrenado una película como ‘Z. La ciudad perdida’. Y es un milagro que haya salido tan bien, tan redonda, tan magistral, tan fascinante. A estas alturas de la(s) película(s), uno no espera sentarse en una butaca de un multicine y disfrutar de una experiencia de corte tan clásico, de una sobriedad y una elegancia a prueba de décadas, de un control absolutamente hipnótico del tiempo y la narración. Y es que, esta adaptación de la novela de David Grann basada en la historia real del explorador Percy Fawcett, supone un viaje al mismo corazón de una aventura desprovista de artificios y excesos que se complementa, a la perfección, con un drama humano de una profundidad psicológica deslumbrante, llena de complejidad y matices. La tentación sería decir que estamos ante un ejemplo de ese cine que ya no se hace pero, maldita sea, estamos aquí y ahora hablando de ella. Es presente estallando en la retina con el poder evocador del pasado, sí, pero presente al fin y al cabo.

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Y el principal culpable de semejante logro tiene nombre y apellidos: James Gray, un director de 48 años que rueda con el pulso, la sabiduría y el talento de alguien que parece haber estado detrás de las cámaras toda una vida. Con una breve pero intensa carrera a sus espaldas, que acaba de sumar su segunda obra maestra después de ‘Two Lovers’, Gray certifica su entrada a la liga de cineastas actuales con serias posibilidades de recoger el testigo de los grandes clásicos. Su trabajo en ‘Z. La ciudad perdida’, contiene todos los argumentos para apostar a su favor. Capaz de crear atmósferas de una belleza tangible, de transmitir el temor al regreso a casa y la obsesión por el descubrimiento, de atrapar al espectador entre sudores fríos y lluvias interminables, Gray nunca pierde los estribos, siempre mantiene la cabeza fría, manejando las idas y venidas temporales de una historia que trata, nada más y nada menos, que de la búsqueda de uno mismo en medio de la insatisfacción.

Porque, ‘Z. La ciudad perdida’, se puede ver y disfrutar como un relato de aventuras de los de toda la vida, pese a que su ritmo pausado pueda enervar a más de un amante de la vertiente más lúdica del género, pero su verdadero potencial está en la reflexión sobre la ambición y la inseguridad que realiza a través de su protagonista. Así, el viaje de Fawcett, interpretado con sorprendente grandeza  por Charlie Hunnam, adquiere todo su sentido y valor en un último tercio en el que la película se transforma por completo sin dejar de ser ella misma, elevando su componente humano hasta un relato familiar lleno de implacable emoción. Un tramo que pone punto y final con uno de esos planos que quedan guardados en la retina para siempre. No hay otra opción que la de aplaudir. Y así con todo. Una película que, centrando su historia en la búsqueda de una ciudad legendaria escondida en la selva del Amazonas, termina encontrando la más pura grandeza del cine. Antes, hoy y siempre.

Redacción: Alberto Frutos

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