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Crítica “Sully”

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Crítica "Sully"

Crítica “Sully”

El cine de Clint Eastwood tiene muchas, muchísimas virtudes, pero puede que la más destacada de todas sea plantear el eco silencioso que sucede después de la victoria. Se apagan las luces, se calman los nervios, se disparan los aplausos y, minutos más tarde, puede que toda una vida, todo es melancolía pura y dura, soledad de las que duelen. Así han quedado marcados en nuestra retina desenlaces tan inolvidables como los que rodeaban obras maestras de la talla de ‘Los puentes de Madison’, ‘Mystic River’, ‘Sin perdón’ o ‘Million Dollar Baby’. Personajes condenados a aceptar el aspecto más incierto del futuro, la compañía exclusiva de una sombra y unas palabras que nunca llegaron a tiempo, puede que incluso jamás se llegaran a decir. En ese terreno tan complejo y apasionante como desolador es en el que más cómodo se ha movido siempre Eastwood, demostrando mayores irregularidades cuando la historia tenía un componente más obvio, menos sutil, más condescendiente. Por eso, tras dos películas que se paseaban entre el fallo (‘El francotirador’) y el más absoluto despropósito (‘Jersey Boys’), regresan las buenas noticias. ‘Sully’ trae de vuelta una versión sobresaliente del cineasta.

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Lo que para muchos podría haber sido una simple excusa para intentar emocionar al espectador y convertir el terror en espectáculo (hola, Zemeckis), se convierte en esta ocasión en cine sencillo, sobrio, elegante y conciso en sus planteamientos y ejecución. Basándose en el hecho real sucedido el pasado año 2009 en el que Chesley ‘Sully’ Sullenberger logró aterrizar su avión averiado en pleno río Hudson, Nueva York, salvando la vida a 155 pasajeros, Eastwood evita cualquier sensacionalismo de manual y fuegos artificiales de andar por casa para centrar su mirada en las consecuencias profesionales y personales que marcaron al piloto los días posteriores al suceso. Las dudas situadas sobre la etiqueta de ‘héroe’, las inseguridades creadas por la fama instantánea, el miedo a no tener la certeza de haber actuado de manera correcta, el auténtico terror de plantear la opción de vivir siempre con una cruz a las espaldas. Situaciones muy intensas que Eastwood maneja con envidiable soltura, manteniendo siempre un ritmo narrativo preciso y apasionante en el que, pese a ser consciente de cómo se resolverá toda la trama, consigue atraparnos de principio a fin.

 

Redacción: Alberto Frutos

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