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Crítica Silencio

Crítica Silencio

Crítica Silencio, la nueva película de Martin Scorsese

Scorsese, un apellido que no necesita la compañía de ningún nombre ni descripción, es lo que tienen las leyendas vivientes, pocas veces ha tenido las ideas más claras que con ‘Silencio’, un proyecto que llevaba más de tres décadas intentando convertir en realidad, y que muestra a un director absolutamente fascinado y comprometido con la historia que está contando. Cerca de treinta años de espera que recorren todos y cada uno de los planos, perfectos sin excepción, que forman su trabajo más arriesgado y exigente hasta la fecha. Y hablamos de un tipo con una carrera a la que le sobren laureles en los que dormir plácidamente. ¿Tenía necesidad alguna de viajar a un territorio tan complejo? En absoluto. Pero como espectador uno recibe con algo similar al entusiasmo una propuesta tan alejada de lo previsible, suicida en muchos aspectos y desafiante sin excepción.

Cerca de tres horas de metraje marcadas por una protagonista absoluta: la fe. Concepto y forma, carne y espíritu, dolor e inconsciencia, miedo y ceguera, convicción y dudas. Muchos verán en ella una película aburrida e interminable, un trayecto incesante por el bostezo y la reiteración, y tampoco podremos poner muchos ‘peros’ aquellos que, de manera contundente, hemos disfrutado ‘Silencio’ de la misma forma en la que uno se deja fascinar por la perfección. Porque Scorsese ha llegado a ese punto exacto en el que, sencillamente, no se puede rodar mejor. O puede que lleve habitando en ese privilegiado lugar desde hace mucho más tiempo, pero pocas veces se ha podido distinguir de manera más nítida. Cada una de las decisiones visuales que toma es la correcta, cada movimiento de cámara tiene un sentido, cada plano es un cuadro en el que perderse en mil y un detalles. Y ya regreso a los decepcionados y enfurecidos.

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‘Silencio’ no es una película para todo el mundo. Puedes odiar un comentario de estas características, abierto a la interpretación y a la incógnita, pero aquí no quedan muchas más salidas. La cuestión, en cualquier caso, es más simple de lo que parece. Si no entras en su historia, en su universo de contención constante, estás muerto. No hay opción, desiste, nunca vas a comulgar con ella, y perdón por el chiste fácil. Pero, cuidado, si se produce el efecto contrario, tienes la oportunidad de disfrutar de una de las películas más hermosas de los últimos años, un conjunto de actores de primer nivel, con mención especial para un Andrew Garfield que pocas veces ha estado mejor, y una reflexión tan apasionada como interesante sobre el concepto de las creencias y la defensa que hacemos de las mismas. Evidentemente, el cristianismo es un elemento omnipresente, algo que, por otra parte, ha sucedido en numerosas ocasiones a lo largo de la carrera de Scorsese, pero no se nos muestra como un panfleto o un sermón de predicador de andar por casa, sino como un factor esencial para entender las motivaciones de todos los personajes, así como cada una de sus decisiones y comportamientos. No es algo gratuito, es algo imprescindible para la trama.

Por eso, y aunque su último tramo decaigan ligeramente frente a sus impresionantes dos horas iniciales, ‘Silencio’ se debe celebrar como la inmensa película que es, la enésima lección de cine de un director que, de manera sorprendente, ha entregado su obra más ambiciosa a estas alturas de una carrera que podría (sobre)vivir perfectamente sin sobresaltos de estas características. Hipnótica y apabullante en las mismas dosis, ‘Silencio’ no encontrará términos medios entre los espectadores. Estafa o triunfo. Para un servidor, cine rabioso en su calma, que golpea desde el hielo y cuyo eco se mantiene en el tiempo. Nadie dijo que sería fácil. Scorsese, menos.

Redacción: Alberto Frutos

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