Home » CINE Y TV » Crítica La Ciudad de las Estrellas: La La Land

Crítica La Ciudad de las Estrellas: La La Land

0
Shares
Pinterest Google+

Crítica La Ciudad de las Estrellas: La La Land

Crítica La Ciudad de las Estrellas: La La Land

Es frustrante comprobar lo sencillo que es escribir sobre películas que te han horrorizado y lo complicado que se hace encontrar las palabras correctas que hagan justicia a aquellas que sabes que te acompañarán para siempre. Ocurre de manera especial cuando, además, se trata de una propuesta perfecta de inicio a fin de esas que tardan un título de crédito en convertirse en clásico instantáneo. Y ya voy pidiendo perdón por los excesos, ya se sabe que la emoción y el autocontrol no suelen llevarse del todo bien. Por eso, intentar describir la magia que desprende una propuesta como ‘La ciudad de las estrellas: La La Land’, su capacidad para atraparte durante dos horas que pasan como un suspiro y anclarse en tu memoria de manera automática, se antoja más una misión imposible que una crítica al uso. Es lo que tienen los milagros.

Porque lo que consigue Damien Chazelle con su segundo largometraje, tras esa apisonadora vertiginosa y sobresaliente llamada ‘Whiplash’, es un monumento al cine como máquina de sueños e imágenes memorables. Sucede muy de vez en cuando pero, cuando ocurre, siempre parece la primera vez. Todo en ‘La ciudad de las estrellas: La La Land’ fluye a la perfección, la historia te divierte y te hipnotiza, te enamoras de sus personajes, de sus momentos de intimidad y de épica romántica, te conmueves hasta la lágrima y abandonas el cine con esa inexplicable sensación de felicidad y emoción que solamente desprenden un número limitado y privilegiado de películas. Chazelle, en definitiva, ha construido, mediante una dirección prodigiosa, un monumento al cine, una carta de amor apasionado y apasionante al arte de contar historias, pequeñas o grandes, para enamorar al público de todas las edades.

la-la-land-2

Y aquí no conviene hablar de géneros específicos porque, sí, ‘La ciudad de las estrellas: La La Land’ es un musical, con  los elementos y factores que eso conlleva, pero tiene la capacidad de conquistar por igual tanto a los amantes de este tipo de cine como a aquellos que nunca han comulgado con él. La razón sencilla sería apuntar  que todas las canciones, sin excepción, tienen ese don envidiable de funcionar de manera maravillosa, contagiando sus melodías imbatibles y redondeando su misión con algunas coreografías para el recuerdo, pero si miramos más allá, encontraremos que cada uno de los temas que se suceden a lo largo de la historia tienen un peso y una función dentro de la trama. Sin ellas, sencillamente, nada tendría sentido. Sirven para que conozcamos a los protagonistas, para entender sus decisiones y comportamientos, en resumen, para dar forma a un contexto tan cautivador como esencial para lo que se está contando.

Siguiendo con la lista de lujos, ‘La ciudad de las estrellas: La La Land’ cuenta con una de esas parejas protagonista que llegan para quedarse. Mia y Sebastián, o lo que es lo mismo, Emma Stone y Ryan Gosling, ya son iconos cinematográficos. Y gran parte de la culpa la tienen ambos intérpretes, que entregan dos trabajos impecables con los que consiguen una química inolvidable. La pantalla, sencillamente, explota ante nosotros en cada momento que comparten, ya sea bailando, discutiendo, cantando o besándose. Una sucesión de escenas deslumbrantes que desembocan en uno de esos finales que marcan la diferencia exacta entre una grandísima película y una obra maestra. Y, por si quedaba alguna duda, aquí estamos hablando de lo segundo.

Ese atasco inicial; Gosling paseando de madrugada silbando una preciosa melodía; Stone hablando de los soñadores con el corazón en la garganta; ambos danzando por las estrellas o conquistando el amanecer con zapatos de baile; ese primer encuentro; esa última mirada. Y nos quedamos cortos. ‘La ciudad de las estrellas: La La Land’ contiene tantos momentos de cine en su estado más puro e inspirado, tanta ternura y belleza, que, definitivamente, las palabras nunca podrán hacerle justicia del todo. Probablemente, el eco que nos llega de su éxito abrumador y la lluvia de premios que está cosechando, y las que quedan, condicionen la opinión de muchos espectadores que le exigirán la perfección sin opción a la duda. Error.  Lo único que hay que hacer es sentarse en la butaca, dejar que las expectativas salten por los aires tras su inolvidable prólogo, y dejarse llevar. La recompensa es tan clara como recibir un tesoro para siempre. La sensación indescriptible de ver nacer un clásico contemporáneo ante tus ojos.

Redacción: Alberto Frutos

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *